martes, 20 de diciembre de 2011

Cuando cae un lápiz en mi mano...

Me gusta dibujar. Desde siempre o, al menos, desde que tengo uso de razón. Uno de los regalos navideños estrella de mi infancia fue precisamente un pupitre donde poder dibujar, y lo utilicé hasta que el paso de los años y mi altura me impedían entrar y salir de él.

Después de tantos años bien podría yo haber aprendido a dibujar mejor, pero siendo absolutamente autodidacta, de momento me conformo con saber sacar, con mayor o menor acierto, las imágenes que se agolpan en mi cabeza. En realidad son tantas y mi mano es tan torpe que sólo los dibujos no me sirven, por algo no tengo reparos en probar un poco de todo y tan pronto escribo, como hago fotos, vídeos y... si la Divina Providencia o alguien igual de abstracto me lo permite, algún día películas.

Pero estábamos hablando de dibujos. Es difícil describir mi "método de trabajo" a la hora de dibujar porque la verdad es que no tengo ninguno fijo, va cambiando según me dé, pero actualmente el proceso suele ser el siguiente:

1) Boceto:
No soy de las que dibujan figuras cilíndricas o de alguna otra forma geométrica para orientarse, mi método suele ser dejar que el lápiz recorra a lo loco la superficie del papel, sin tener muy claro siquiera lo que quiero dibujar. El dibujo prácticamente se va formando solo, un trazo casual aquí me produce una nueva imagen mental y todo puede cambiar. Los detalles y la limpieza de trazos en la fase del boceto no tienen ninguna importancia... lo que muchas veces provoca que el boceto inicial tenga mucha más fuerza y movimiento que el dibujo terminado. De ahí que algunos de mis bocetos se queden eternamente en su forma de bocetos, como el que ilustra este párrafo.

2) Repaso:


Éste es el momento de limpiar los trazos, repasar todos los válidos y dibujar todos los detalles que van a aparecer en el dibujo final. Suelo repasarlo primero a lápiz y una vez que está todo como tiene que estar, lo repaso definitivamente a boli, y éste es un paso que odio bastante, porque todos los bolis tienen la facultad de destintarse en los momentos más inoportunos.

3) Color:
Definitivamente la parte que más odio del proceso es ésta: la de colorear. Desde luego que no tengo ni idea de pintar con nada que implique un pincel y, por concretar un poco más, sólo sé colorear con lápices de colores, algo que me resulta bastante aburrido y eterno. Pero tengo el problema de que me gusta demasiado cómo quedan los dibujos pintados, así que lo de dejarlos en blanco y negro no me parece una opción muy deseable...

Éste es el proceso que sigo últimamente a la hora de dibujar y pintar, algo que, como soy extremadamente vaga, suele llevarme como mínimo una semana por dibujo. Pero el momento de ver el dibujo terminado por fin es algo que realmente merece la pena. Y resulta además un desahogo para las personas que, como yo, se pasan la vida con imágenes cruzándole la mente.

(Y por si alguien está interesado, en deviantART están la mayoría de los dibujos que he hecho durante los últimos seis años aproximadamente --> http://ninfra.deviantart.com/gallery/)

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